Égida Psicología

Masking en las neurodivergencias: el coste invisible de parecer “normal”

Muchas personas neurodivergentes escuchan comentarios como: «No pareces autista», «Nunca habría dicho que tienes TDAH» o «Te relacionas perfectamente con los demás». Aunque suelen interpretarse como elogios, para algunas personas esconden una realidad mucho más compleja: un esfuerzo constante por ocultar dificultades, controlar comportamientos y adaptarse a expectativas sociales que no encajan con su forma natural de funcionar.

A este fenómeno se le conoce como masking o camuflaje social.

¿Qué es el masking?

El masking hace referencia a las estrategias que una persona utiliza para ocultar, compensar o modificar características asociadas a su neurodivergencia con el objetivo de ser percibida como más «normal» o neurotípica.

Es importante diferenciarlo de la adaptación social habitual. Todas las personas ajustamos nuestro comportamiento según el contexto, pero el masking implica un esfuerzo mucho más intenso y sostenido, motivado a menudo por el miedo al rechazo o por experiencias previas de incomprensión.

La mayoría de las veces no surge como una decisión consciente. Se desarrolla gradualmente cuando la persona aprende que determinadas conductas generan críticas, burlas o dificultades para encajar. 

¿Cómo se manifiesta?

El masking puede adoptar formas muy diferentes dependiendo del perfil de la persona.

En el autismo

Algunos ejemplos frecuentes son:

  • Forzarse a mantener contacto ocular.
  • Ensayar conversaciones antes de que ocurran.
  • Copiar expresiones faciales o estilos comunicativos.
  • Reprimir conductas de autorregulación como el stimming.
  • Ocultar sobrecargas sensoriales.

En el TDAH

Suele observarse más como una sobrecompensación constante:

  • Trabajar muchas más horas para evitar errores.
  • Crear sistemas de organización extremadamente rígidos.
  • Ocultar impulsividad o distracción.
  • Mostrar tranquilidad externamente pese a experimentar un elevado nivel de ansiedad.

En altas capacidades

También puede aparecer mediante estrategias como:

  • Ocultar conocimientos o intereses.
  • Simplificar el lenguaje para no destacar.
  • Adaptar opiniones o comportamientos para encajar socialmente.

Además, existen formas de masking mucho más sutiles, como ensayar conversaciones mentalmente, analizar durante horas interacciones pasadas o adoptar distintas versiones de uno mismo según el contexto.

El coste invisible del camuflaje

El masking puede ayudar a desenvolverse socialmente o a evitar situaciones incómodas. Sin embargo, mantener este nivel de vigilancia durante años suele tener consecuencias.

A nivel cognitivo implica monitorizar constantemente qué decir, cómo actuar o cómo responder. A nivel emocional puede generar ansiedad, inseguridad y miedo al juicio de los demás.

Con el tiempo, muchas personas describen una sensación de agotamiento persistente y una pregunta difícil de responder:

¿Quién soy cuando dejo de intentar adaptarme?

No es raro que aparezcan problemas como:

  • Agotamiento social.
  • Ansiedad crónica.
  • Síndrome del impostor.
  • Baja autoestima.
  • Sensación de desconexión con la propia identidad.

 

En algunos casos este proceso puede desembocar en un burnout relacionado con años de sobreesfuerzo y adaptación constante.

¿Cómo saber si podrías estar haciendo masking?

No existe una prueba específica, pero algunas señales frecuentes son:

  • Sentirte diferente según el entorno en el que te encuentres.
  • Acabar exhausto después de situaciones sociales.
  • Ensayar conversaciones antes de tenerlas.
  • Ocultar necesidades sensoriales o emocionales.
  • Sentir que existe una versión pública y otra privada de ti mismo.

Estas experiencias no indican necesariamente que exista masking, pero pueden ser una invitación a reflexionar sobre el esfuerzo que realizas para adaptarte.

Más allá de la máscara

El objetivo no suele ser dejar de adaptarse por completo. La adaptación forma parte de la vida social. La cuestión es que no se convierta en una obligación permanente que obligue a ocultar necesidades, emociones o rasgos propios.

 

Comprender el masking implica reconocer una realidad que a menudo pasa desapercibida: muchas personas neurodivergentes no están agotadas por ser diferentes, sino por el esfuerzo continuo que realizan para que esa diferencia no se note.

Para saber más

·        Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M. C., & Mandy, W. (2017). “Putting on My Best Normal”: Social Camouflaging in Adults with Autism Spectrum Conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519–2534.

.

·     Cook, J., Hull, L., Crane, L., & Mandy, W. (2021). Camouflaging in autism: A systematic
review.
Clinical Psychology Review, 89, 102080.

Bienvenidos a Égida Psicología

El inicio de un proyecto

Égida Psicología nace de una idea sencilla, pero fundamental: no todas las personas necesitan el mismo tipo de proceso para comprenderse, regularse o sentirse mejor.

 

Soy Pablo Delgado, psicólogo, y tras mi recorrido profesional en centros para personas adultas con diversidad funcional, colegios, institutos y un centro psicológico especializado en TDAH, he podido observar una necesidad que se repetía constantemente: la de encontrar una ayuda profesional que realmente comprendiera las particularidades de cada persona y pudiera adaptarse a ellas.

 

A lo largo de estos años he trabajado con perfiles muy distintos, pero con algo en común: muchas personas habían pasado gran parte de su vida sintiendo que debían adaptarse constantemente a entornos, demandas o formas de intervención que no terminaban de ajustarse a cómo realmente funcionaban.

Por qué “Égida”

El nombre de Égida Psicología surge de la mitología griega. La égida era el escudo asociado a Atenea, diosa de la sabiduría, la estrategia y la protección. Más allá de su significado histórico, la idea de la égida representa algo que conecta profundamente con la manera en la que entiendo la psicología: un espacio de protección, claridad y acompañamiento desde el conocimiento y la comprensión.

 

No como una barrera que separa, sino como algo que permite sostener, orientarse y avanzar con mayor seguridad.

 

Ese simbolismo encaja especialmente con la idea de que la terapia puede convertirse en una fuente de alivio, estabilidad y dirección.

 

Además, este nombre también tiene un significado personal importante para mí. Mi padre ha sido profesor de Filología Clásica y de Cultura Clásica durante muchos años, y gran parte de mi vínculo con la mitología, la filosofía y el mundo clásico nace precisamente de ahí. De alguna manera, este proyecto también es una forma de agradecimiento por todo lo aprendido y transmitido a lo largo de los años.

Comprender antes de intervenir

Especialmente dentro del ámbito de las neurodivergencias, como el TDAH, el TEA o las Altas Capacidades, existe una enorme variabilidad entre personas. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden tener necesidades, dificultades, fortalezas y formas de procesar completamente distintas.

 

El espectro es tan amplio que, en muchas ocasiones, incluso las herramientas o enfoques específicos para una neurodivergencia concreta pueden quedarse cortos si se aplican de forma rígida o estandarizada.

 

Por eso, Égida Psicología nace con la intención de ofrecer un espacio donde el proceso terapéutico se adapte verdaderamente a la persona, y no al revés.

 

Dentro de este proceso, la evaluación psicológica tiene un papel especialmente importante. Comprender cómo funciona una persona, cómo procesa la información, cómo regula sus emociones o qué dificultades aparecen en su día a día permite construir intervenciones mucho más precisas, útiles y ajustadas a sus necesidades reales.

 

El objetivo no es trabajar únicamente desde una etiqueta diagnóstica, sino comprender cómo funciona cada persona en distintos niveles: biológico, psicológico y social. Cómo procesa la información, cómo regula sus emociones, cómo se relaciona con los demás, qué demandas del entorno le generan desgaste y qué necesita para poder desenvolverse de una forma más equilibrada y amable consigo misma.

La importancia de entenderse

A lo largo de estos años también he encontrado algo que aparece con mucha frecuencia en personas adultas: la sensación persistente de no encajar, de sentirse diferentes o de haber pasado gran parte de su vida intentando adaptarse sin entender del todo por qué determinadas situaciones les resultaban especialmente difíciles.

 

Muchas llegan buscando respuestas, alivio o simplemente una explicación que les permita comprenderse mejor.

 

En ese sentido, otro de los objetivos importantes de este proyecto es la divulgación sobre neurodivergencias y diversidad en el funcionamiento humano. Poder entenderse a uno mismo cambia profundamente la forma en la que una persona interpreta su historia, sus dificultades y sus necesidades.

 

A veces, poner nombre a ciertas experiencias no limita; al contrario, permite construir una visión más coherente, más compasiva y más ajustada de uno mismo.

 

Comprender cómo funcionamos también ayuda a alinear nuestro día a día con nuestras necesidades reales: encontrar formas más sostenibles de organizarnos, relacionarnos, descansar, trabajar o regularnos emocionalmente.

 

Desde ahí, la psicoterapia en población adulta e infantojuvenil y el acompañamiento a familias buscan ofrecer herramientas y un espacio de apoyo donde cada persona pueda desarrollar estrategias más adaptadas a su forma de funcionar y relacionarse consigo misma y con los demás.

Un espacio para comprender y construir

Égida Psicología nace con la intención de ser precisamente eso: un espacio de comprensión, evaluación rigurosa y acompañamiento individualizado, donde cada proceso pueda construirse desde las características y necesidades concretas de cada persona.

 

Gracias por estar aquí y formar parte del inicio de este proyecto.