Vivimos en un mundo cambiante, incierto y lleno de situaciones que requieren adaptarnos constantemente. Cambios de planes, normas nuevas, conversaciones inesperadas o problemas que no tienen una única solución forman parte de nuestro día a día. Para afrontar todo ello contamos con una capacidad fundamental: la flexibilidad cognitiva.
Pero ¿qué es exactamente? ¿Por qué es tan importante? ¿Y cómo puede influir en personas neurodivergentes, como aquellas con TDAH, autismo (TEA), altas capacidades intelectuales, trastornos específicos del aprendizaje u otras condiciones del neurodesarrollo?
¿Qué es la flexibilidad cognitiva?
La flexibilidad cognitiva es una de las funciones ejecutivas que nos permite modificar nuestra forma de pensar o actuar cuando las circunstancias cambian, aparece nueva información o la estrategia que estábamos utilizando deja de ser útil.
Gracias a esta capacidad podemos:
- Adaptarnos a cambios inesperados.
- Considerar diferentes puntos de vista sin sentir que invalidan el nuestro.
- Buscar soluciones alternativas cuando una estrategia no funciona.
- Cambiar de tarea cuando es necesario.
- Aprender de los errores sin quedarnos bloqueados.
- Ajustar nuestro comportamiento según el contexto social.
En definitiva, nos ayuda a pasar del «solo puede hacerse de esta manera» al «quizá exista otra forma de hacerlo».
¿Por qué es tan importante?
La investigación muestra que la flexibilidad cognitiva está relacionada con múltiples aspectos del funcionamiento diario. No solo facilita la adaptación a situaciones nuevas, sino que también favorece el aprendizaje, la resolución de problemas, la regulación emocional y las relaciones sociales.
Además, constituye una habilidad básica sobre la que se apoyan capacidades como:
- La creatividad.
- El pensamiento crítico.
- La empatía y la toma de perspectiva.
- La capacidad para resolver problemas complejos.
- La toma de decisiones en situaciones cambiantes.
No se trata únicamente de cambiar de opinión, sino de poder modificar estrategias cuando la realidad lo requiere.
Flexibilidad cognitiva y neurodivergencias
La flexibilidad cognitiva forma parte de las llamadas funciones ejecutivas, un conjunto de procesos que nos permiten planificar, inhibir respuestas automáticas, mantener la atención, organizar información y adaptarnos a nuevas demandas.
En muchas personas neurodivergentes esta capacidad puede funcionar de forma diferente, aunque las razones y la manera en que se manifiesta varían según el perfil de cada persona.
Por ejemplo:
- En el TDAH, las dificultades en funciones ejecutivas pueden hacer que resulte más complicado cambiar de tarea, abandonar una estrategia que no está funcionando o adaptarse rápidamente a cambios inesperados.
- En el autismo (TEA), la menor flexibilidad puede expresarse como una mayor necesidad de predictibilidad, dificultades para afrontar cambios de rutina, tendencia a mantener determinadas formas de hacer las cosas o un elevado malestar ante situaciones imprevistas.
- Algunas personas con altas capacidades intelectuales pueden mostrar una gran flexibilidad para generar ideas o resolver problemas complejos, pero al mismo tiempo experimentar rigidez en ámbitos concretos relacionados con el perfeccionismo, la necesidad de control o determinadas expectativas sobre sí mismas.
- En personas con trastornos específicos del aprendizaje, determinadas demandas académicas pueden requerir un esfuerzo ejecutivo adicional que dificulte cambiar de estrategia cuando una tarea no está funcionando.
Es importante recordar que ninguna de estas características aparece en todas las personas ni con la misma intensidad. La neurodivergencia describe una enorme diversidad de perfiles, fortalezas y necesidades de apoyo.
¿Cómo puede manifestarse una baja flexibilidad cognitiva?
Cuando esta capacidad está comprometida es frecuente encontrar algunas de las siguientes dificultades:
- Rigidez ante cambios de planes o normas.
- Necesidad de que las cosas ocurran de una manera concreta.
- Dificultad para abandonar una tarea o cambiar de estrategia.
- Bloqueo cuando algo no sale como estaba previsto.
- Elevada frustración ante los errores.
- Baja tolerancia a la incertidumbre o la ambigüedad.
- Tendencia a pensar en términos de «todo o nada».
- Mayor dificultad para comprender perspectivas diferentes en determinados contextos.
- Sensación de quedarse «atascado» en pensamientos, preocupaciones o formas de hacer las cosas.
Estas dificultades no implican falta de capacidad o de inteligencia, sino una forma distinta de procesar la información y responder a las demandas del entorno.
¿Se puede entrenar?
La buena noticia es que sí. La evidencia científica indica que las funciones ejecutivas, incluida la flexibilidad cognitiva, pueden mejorar mediante intervenciones psicológicas, entrenamiento específico y modificaciones del entorno. Aunque no existe una solución rápida, trabajar esta capacidad suele traducirse en una mayor autonomía, mejor regulación emocional y una mejor adaptación a las situaciones cotidianas.
Algunas formas sencillas de empezar son:
- Introduce pequeñas novedades. Cambia la ruta habitual, prueba una receta diferente, escucha un género musical nuevo o realiza una actividad que normalmente evitarías.
- Practica cambiar de perspectiva. Lee opiniones distintas a las tuyas, intenta comprender cómo otra persona interpreta una misma situación o pregúntate qué otras explicaciones podrían existir.
- Cuestiona tus automatismos. Pregúntate: «¿Existe otra manera de hacer esto?», «¿Qué ocurriría si probara una estrategia diferente?».
- Entrena con juegos que obliguen a cambiar de estrategia. Juegos como UNO, SET, Dixit, ajedrez, juegos cooperativos o acertijos con reglas cambiantes ayudan a ejercitar esta habilidad de forma natural.
- Normaliza el error como parte del aprendizaje. La flexibilidad también implica aceptar que cambiar de opinión o modificar una estrategia no significa haber fracasado, sino estar respondiendo mejor a la información disponible.
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Para terminar
Ser flexible no significa renunciar a nuestros valores, dejar de ser quienes somos o adaptarnos constantemente a las expectativas de los demás. Significa disponer de más opciones cuando la realidad cambia.
En muchas personas neurodivergentes, la flexibilidad cognitiva puede requerir un mayor esfuerzo y apoyos específicos. Comprender cómo funciona esta capacidad permite dejar de interpretar ciertas dificultades como falta de interés, pereza o desmotivación, y empezar a entenderlas como diferencias en el funcionamiento cognitivo que pueden abordarse y entrenarse.
Desarrollar la flexibilidad cognitiva no consiste en cambiar quién eres, sino en ampliar el repertorio de herramientas con las que
puedes afrontar un mundo que cambia continuamente..